23 de enero de 2014

A veces la vida es como si fuera una película. Y como en las películas, se les echa de menos hasta que te estalla algo por dentro. Son parte de mi familia, la familia de primera mano que pese a los destrozos sigue en pie.
Amigos con la sonrisa, el pelo y los abrazos preciosos que leen libros ya sea de ciencia ficción o poesía, recomiendan películas y se dejan recomendar, que escuchan música de la buena, te cogen a caballito en los festivales, pasan la noche en una estación hablando de todo menos de la coherencia, dejan que les lleves borrachos a casa porque 'mira, que estoy bien, solo estoy un poco mareado' y estallan a reír y tú con ellos.
Te llaman cobarde cuando ellos son los valientes quedándose cuando te desordenas.
Nunca cogen bus aunque llueva, improvisan día a día y se apuntan a la fiesta que habría después de un bombardeo, además hacen el gilipollas y dicen tonterías porque se les da de puta madre. Duermen contigo en tiendas de campaña pese a que les robes la manta o dejan que duermas en su casa y por la mañana preparan chocolate.
Beben mucha cerveza, y te abrazan cada vez que vuelves.
Son guapos porque te dicen 'hace más de dos semanas que no te veo y así vamos fatal'
o 'El otro día tendrías que haber estado, fue una noche de las que se parecen al Jueves'
o 'Te tengo que prestar este libro'
o 'A ver cuantos tíos nos tiran esta noche, vamos a reírnos un rato'
o '¿Te imaginas que compartimos piso los tres? Una habitación estaría llena de libros y otra de cerveza, y nosotros estaríamos hasta arriba de literatura y cerveza. Sería lo puto mejor'
o 'Todo es un poco raro desde que te has ido'
Joder, no puedo hacer como que no les echo de menos. 
(Lo sé, estoy un poco más idiota que lo habitual)

2 comentarios:

Oski dijo...

Así es imposible echar de menos, me gusta la idea de llenar una habitación de cerveza y otra de libros :-)

Abrazos.

Raquel. dijo...

Echar de menos es sano... Así luego los coges con más ganas.

Un abrazo enorme.