30 de abril de 2013

¿Y si nos miramos hasta quemarnos?

Ven. Mantén la mirada. No así no. Fijamente. Que sí, que te cuesta, lo sé. Pero venga, juguemos un rato.
El juego trata de devolver miradas, de reflejos en pupilas, de sonreír, de quemarnos.
¿Estás preparada?
 A ver quién aparta la vista primero. El que se enamore antes, pierde, y no paga la primera copa. 
No me mires con esa cara, es muy fácil, sólo tienes que fingir indiferencia. Deja al nerviosismo y la vergüenza, en el umbral de la puerta.
Pero recuerda, necesitas fuego. Un incendio. Y con el mechero que llevas en el bolsillo no es suficiente.
Si quieres, puedo enrredar mi sonrisa entre (tus) medias (negras).
Esa mezcla será el detonante y a la vez la bomba en compás de Sí menor. Un desastre natural que se propague por todo el cuerpo.

Venga, no te asustes, inténtalo otra vez. Así, ¿ves?. Hipnotizame con esa mirada de selva desbastada que sólo tú tienes y (me) habrás ganado. Sé más Demonio que Ángel. Y que le den por una vez, al Rey de los Cielos y al Soberano de los Infiernos.
Les importa una mierda si ardemos esta noche quemandonos las alas.

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