5 de agosto de 2012

Tres golpes en la puerta


 (Lo que había escuchado aquel (Des)conocido)
Una vez escuché que cuando el reloj martilleaba la una del mediodía, ella preparaba comida para dos; dos cubiertos, dos platos, dos servilletas y dos vasos de amor, para combatir aquella soledad que envolvía el piso.

Para él hubiera sido una maravilla verla así, con aquel camisón blanco que lamía su cintura, habría comentado un 'Qué buena que estás joder' ganándose después una amenaza con cuchara de madera incluída y riendo él, posaría de nuevo sus ojos oscuros en esa caja tonta que solo sabía decir mentiras. Pero aquel día, la televisión estaba apagada, no había ningun comentario y nadie estaba sentado en el sofá.
Solo estaba ella, ella y Dear Prudence sonando en la radio, recordandola un pasado perfecto.
El cielo amenzaba tormenta y tenía ese color grisáceo de las tardes de domingo.

No sabía por qué pero se sentía infinitamente pequeña, cabizbaja pero sonriente. Cuando Cly volvería después de susurrar un 'Buenas noches pequeña' la besaría, como se besa después de un día largo pegado en las pestañas cansadas, agotadas y trituradas por la rutina. Quizá se tumbarían en el sofá a ver alguna película mientras, Avie maldijería a todos y cada uno de sus profesores que hacían insufrible su penúltimo año de carrera, puede que él cogiera la guitarra para espantar el mal humor, y ella, ella soreiría con esa sonrisa acartonada.

Pero a veces todo cambia y algo se acciona, una palanquita se mueve y ocurre.
Tres golpecitos. Toc-Toc-Toc. Llaman a la puerta.

El sentido de esos tres golpes en la puerta

  -1. Eran más enigmáticos que los timbres, no sabes verdaderamente porqué han llamado, la incertidumbre del sí y el no
-2. Siempre ha sido un gesto de caballero, de los de antes, por eso él llevaba sombrero y la barba desfilaba por sus mejillas
-3. La persona que estaba detrás de la puerta cambiaría su vida para siempre, porque nada, absolutamente nada sería como antaño.

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