16 de octubre de 2011

Él, completo (des)conocido.

Tomaba té por las mañanas, por las tardes y por las noches. Y con las bolsitas hacía móviles. Ya sabéis, de esos que se ponen el techo para adornar. Le gustaba abrazar con fuerza pero sin hacer daño y tenía una s o n r i s a bonita (o eso he oído). Era enamoradizo y un galán, de los que no dicen un “Te amo” si de verdad no lo sienten. De esos que si se enamoran, lo hacen de verdad, hasta los huesos. Quizás por eso, decía frases tan bonitas, no las había visto en ningún otro sitio que no fuera su corazón.
Vestía siempre elegante pero ese pelo suyo desordenado, rebelde e imposible de peinar le daba un toque despreocupado.

Era el típico desconocido que te encuentras en el metro o sentado tomando te verde mientras lee el periódico con mirada crítica en cualquier cafetería de Barcelona. Después dejaría propina de más con una radiante sonrisa para la camarera, la cual, puede que lo conozca desde la infancia. Saldría de la estancia d.e.s.p.a.c.i.o., subiéndose la cremallera de su chaqueta para resguardarse del viento.

Te lo podrías encontrar en cualquier parte, en cualquier situación, y a cualquier hora. Pero te diré algo, no pierdas el tiempo buscándolo, porque no lo hallarías. Tan solo lo encontrarás si el quiere verdaderamente que lo encuentres.

Todos tenemos una historia, nuestra historia.  Y la historia de Ella, empezó el día en cual Él cruzó su vida de improvisto, irrumpiendo aquél corazón d_e_l_i_c_a_d_o, haciendo que diera un giro de 1 8 0 grados.                                                                                                                                    Sin preguntar antes, si tenía ya propietario.

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Y, curioso, te preguntarás: ¿Qué es lo que hizo?¿Qué pasó cuando se encontraron?

Pero eso, puede esperar, antes, debes saber porqué Ella era la chica que olía a miel y vainilla.  

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